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GRAFOSINTESIS: Psicología y Grafología por Claudia Gentile
Blog de Psicología Analítica Junguiana y Grafología, con artículos, notas, y libros para descargar gratis.
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Lic. Claudia Beatriz Gentile

Soy Lic. en Psicología clínica con orientación junguiana, Grafóloga Pública (Emerson). Soy Astróloga con 20 años de experiencia y ejercicio.

Brindo terapias psicológicas analíticas tendientes a la individuación - Temas de género- Terapia de parejas - Talleres de autoconocimiento sobre la conformación de la femineidad - Grupos de reflexión - Grafoterapia.

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Artículo extraído del blog GRAFOSINTESIS, de Claudia Gentile,
http://www.grafosintesis.fullblog.com.ar

Gracias







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Entradas por tag: miedo
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Cambiar la piel: Una reflexión sobre los apegos y los arraigos.

19 de Mayo, 2011  ·  Reflexión
El síntoma es insidioso. Insiste, insiste... Parece el pájaro carpintero que, como en la publicidad, te taladra el cerebro. Pero muchas veces no es tan gráfico, y no te taladra el cerebro, sino que te muerde el cuerpo de distintas maneras.
Lo hace de maldito que es? Lo querés correr y entonces es cuando más se esfuerza en permanecer ahí, silente pero hablando a gritos.
 Pero claro, hay que ser semiólogo y saber interpretar su idioma. Y no nacimos políglotas. Habla en un lenguaje que no se esmeraron en enseñarnos con tanto ahínco como nuestra lengua materna.
Y se va aprendiendo de a poco esa semiología que permite, al menos en un primer momento, verlo como signo: una tos persistente, una idea que nos hace ruido pero no podemos terminar de entender, una enfermedad que ya se hizo crónica…de tanto insistir en que la atendamos. Y si nos quedamos atendiendo el signo, tratando de ponerle un parche a la consecuencia en vez de atacar la causa, perdemos. Seguirá insistiendo en mostrarse. Y es que el signo es solo lo que aparece en la superficie. Al adentrarnos más en nuestro estudio de semiólogos de nosotros mismos, debemos llegar a entender al signo encubriendo un símbolo. O sea, si nos quedamos tratando de entender un sueño desde la superficie de lo que las imágenes nos muestran, nos quedamos perplejos sin entender nada. Nos quedamos en tratar de entender esos signos en un solo sentido y plano encima. Qué querrá decir que se derrumba mi casa, si mi casa está bien? Ahora si al signo “casa” le asignamos otras dimensiones más simbólicas, el análisis cambia y entonces el inconsciente logra llegar a decirnos lo que nos quiere decir. Y ahí entonces, al leer el sueño como metáfora de otra cosa, lo entendemos. Con las parábolas pasa lo mismo: “Por los frutos los conocereís”. Si lo leo en plano, digo: obvio, veo una pera y sé que se trata de un peral. Pero si esto lo leo como símbolo y entiendo que frutos aquí está en equivalencia a acciones, conductas, puedo entender la cosa en un sentido más abstracto, más abarcativo. Y si sigo profundizando más aún, le voy sacando todavía más significados y entendiendo más mi realidad al extrapolarlo.
 
El síntoma… entonces, es puro signo? Si lo veo así, seguirá insistiendo, forzándome a desplegarle más significados hasta que entienda y logre ver lo que subyace, analice el error, reformule mis creencias o mis posturas, y tras este baldazo de agua fría que recibo al darme cuenta, cambie aquello que lo genera. Entonces desaparecerá porque ya aprendí lo que tenía que aprender.
Si no lo hago, seguirá insidiosamente molestando, y yo me preguntaré por qué sigo eligiendo los hombres que elijo, los amigos que elijo, los trabajos que elijo, o sea, por qué sigo tropezándome siempre con el mismo tipo de piedras. O por qué me operé de esto y aparece otra cosa en otro órgano o en el mismo a veces? Por qué tomo el jarabe para la tos, se alivia, pero después me empieza a doler la garganta…?
Puedo pasar por victimizarme y achacarle la culpa a lo malo que son los demás conmigo, al tiempo frío, a que el médico es malo, a que el terapeuta es malo porque yo no cambié nada desde que voy y ya le pagué una fortuna, a que el medicamento no es eficaz. Primer momento, negar y proyectar lo malo afuera. Esto, si también lo puedo ver como signo, puedo adentrarme un poco más en que es símbolo de otra cosa: de que estoy poniendo algo afuera, estoy responsabilizando a un objeto externo a mí, y sabiendo esto, puedo recuperar esa proyección y verme, desde una zona testigo de mí misma. Como si desde adentro viera a mi “víctima” quejándose y entrara en diálogo con ella y le dijera: “ Te quejás de eso que ponés afuera, enterate que es tuyo y resolvelo para que deje de aparecer en el afuera.”
Una vez recuperado esto, viendo ese signo en su valor metafórico, simbólico, ese otro malo sobre el que depositaba todas las culpas se torna en maestro. Me enseña, me muestra, puestas en otro, las partes mías negadas y proyectadas que tengo que recuperar para poderlas trabajar y entonces, cambiar la piel.

Cambiar la piel es otra metáfora que presupone hacer un cambio subjetivo, abandonar una conducta, una cognición, una creencia; en definitiva, desapegarme de aquello que me ataba a un sufrimiento que no es gratuito, pero que sí es innecesario una vez resuelto. Cambiar la piel no significa cambiar mi esencia, dejar de ser yo misma. Cambiar la piel es podar las ramas viejas, no arrancar el árbol y plantar uno nuevo. Me desapego y cambio de piel. Quedo expuesta, a mí misma, al otro si me está ayudando, y me permito mostrarme. La piel nueva es todavía vulnerable, no tiene callos, no está probada. “Mejor malo conocido que bueno por conocer”, me dicen mis miedos, me dicen mis viejos hábitos apegados a la seguridad de lo conocido, aunque esto sea el dolor o la insatisfacción. “Que cambie el entorno, cambio el médico, cambio la pastilla, que cambie mi marido, mi jefe, mi hermano. Yo soy así y no voy a cambiar, la culpa la tiene otro”, le responde mi piloto automático que es más vago y miedoso que un chico asustado. Son las ramas viejas que se resisten a que las pode y se aferran a la vida.

 
Cambiar la piel equivale a echar una nueva rama. Soy el árbol, no la rama que estoy podando. Cambio la piel pero el cuerpo que está debajo sigue siendo el mío. La rama nueva que empieza a crecer por debajo es todavía tierna, vulnerable y hay que cuidarla. Pero es lo que nos permite ir viéndonos desplegar nuevos potenciales que estaban latentes, con energía para aflorar y crecer en la medida en que le diéramos la oportunidad y el espacio. Podar las ramas viejas no implica desarraigarnos, cambiar el árbol por otro. Todo lo contrario. Al podar el árbol le permitimos recibir más sol y fortalecemos más nuestras raíces. Ya que las ramas nuevas son esos potenciales que pensábamos que no teníamos y que comprobamos que tenemos y que damos frutos nuevos. Y entonces comprobamos que nos apegamos a lo viejo en vez de fortalecer nuestro propio arraigo en nuestras capacidades latentes.
 
Y todo lo nuevo genera ansiedad, porque es entrar en lo desconocido.
Hacia adentro? Obviamente, entrar en lo desconocido de nosotros mismos, en la sombra, genera miedo. Si lo desconocido es justamente aquello que negamos de nosotros mismos y que se ve tan clarito en nuestras proyecciones sobre los demás. Este es el primer paso de nuestro semiólogo en su propio trabajo de campo. Desentrañar lo simbólico a través de la autoobservación.

Hacia afuera? Probando conductas nuevas producto de este saber nuevo sobre nosotros mismos que hemos ido develando, y que nos permite encarar nuevas actividades, ya con la seguridad de hacerlo desde una piel nueva que se permite, con cuidados, arriesgarse a salir al mundo para ir formando una dermis más resistente y menos vulnerable. Una ramita que se muestra al sol para crecer con más energía, y se resguarda de las inclemencias con la autoprotección de sabernos los cuidadores de nuestro propio árbol.
 
Nadie dijo que fuera fácil crecer...
         
      Busqué en sueños
desenterrar la raíz de mi árbol,
para saberme;
y casi muero.
 
Con infinito amor
debí cubrirme,
dejar que el rocío me bañara.
Desenredé mis ramas
para recibir más luz.
Y así, entonces,
fortalecí mis raíces,
y logré saberme.
                                           Claudia Gentile 28/9/93
 
Lic. Claudia Gentile
Psicóloga clínica con orientación junguiana- Grafóloga pública – Astróloga

Terapias psicológicas - Cursos de grafología - Talleres de autoconocimiento - Grupos de reflexión - Grafoterapia.

mail: grafosintesis@yahoo.com.ar
tel.: 4672-4423 y cel.: 153-343-3665
Skype: usuario: grafosintesis.
http://grafosintesis.fullblog.com.ar/
 
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La grafología, la gripe A, los miedos y la resiliencia del argentino

08 de Julio, 2009  ·  Reflexión

La grafología, la gripe A, los miedos y la resiliencia del argentino

 

Hace poco recibí por mail este cuentito:

 

IBA LA PESTE camino a Bagdad cuando se encontró con Nasrudin. Él le preguntó: “A dónde vas?”
La peste le contestó: "A Bagdad, a matar a diez mil personas". Después de un tiempo, la peste volvió a encontrarse con Nasrudín, muy enojado, le dijo:
"ME MENTISTE. Dijiste que matarías a diez mil personas y mataste a cien mil". Y la peste respondió: "Yo no mentí, maté diez mil, el resto ... se murió de miedo".

 

El miedo paraliza, nos afecta y reduce nuestros mecanismos de defensa naturales.

 

Y me quedé pensando en cuánta razón tiene.

Evaluemos: prendemos la tele, escuchamos todas las precauciones que hay que tomar: que el alcohol, que el barbijo, que no salir, que todo va cerrando de a poco; en definitiva, que hay pánico o lo van sembrando a nivel social.

Qué pasa? Obviamente nuestro margen derecho se va a agrandar, producto de la retracción del ámbito social a la que estamos obligados o instados. Si nos retraemos por miedo, las letras se van a juntar entre sí, ya que quedaremos pegados a nuestros  más cercanos; o quizás no, quizás tengamos algún enfermo de gripe común incluso en la propia casa, y debamos extremar precauciones dentro del ámbito doméstico también. Se acabaron los besos, meternos o que se metan en nuestras camas para mirar tele juntos, desde ya nada de compartir vasos. O sea que puede que las letras dentro de la misma palabra se empiecen a cisurar, a aislar. El miedo se irá haciendo carne: se achicará la letra como signo de falta de confianza.

Pues si volvemos a leer el cuentito, creo que ahí está una de las claves: levantar las defensas. Si estamos tristes, deprimidos, temerosos, es factible que bajemos las defensas y que sea más probable que nos contagiemos de algo que ande dando vueltas. Pero si tratamos de levantar nuestras defensas físicas (por ejemplo reforzando nuestro sistema inmunológico a través de la ingesta adicional de vitaminas), así como nuestras defensas psíquicas, estando de buen humor, eligiendo comedias en vez de estar sobreexpuestos a noticieros que rumian todo el día informaciones alarmantes, creo que la cosa cambia. No estoy hablando de negar la realidad, solo de aceptarla en su justa medida, sin entrar en pánico.

Recuerden la historia: hay personas vulnerables a las que quizás el organismo no les responda con fortaleza y sucumban, pero los otros 90.000 murieron de pánico porque el miedo los volvió vulnerables, no su propia condición física. La vulnerabilidad en ese caso fue psicológica.

No permitamos que el miedo nos haga aislarnos obsesivamente, ni nos ponga tristes, ni nos desanimen las noticias. Solamente seamos prudentes en cuanto a las medidas de protección a tomar, pero fundamentalmente, subamos nuestras defensas físicas con mucha vitamina C y psíquicas con mucho amor y buen humor!

Si después de todo somos ARGENTINOS, por ende, RESILIENTES[1]! Hemos desarrollado una especie de resistencia que nos permite atravesar las crisis más insólitas sin sucumbir, sino saliendo fortalecidos. Creo que ya pasamos por tantas crisis insólitas que estamos más curtidos que cualquier ciudadano del primer mundo!

 

Por favor, tómense 6 minutos para ver este video:

 

YouTube - La Dra Rauni Kilde habla sobre la Conspiración de la Gripe Porcina

 



[1] La primera definición de resiliencia es toda aquella sumatoria de características que le permiten a un individuo enfrentarse a situaciones de stress, transformándolas o enriqueciéndose a través de una experiencia que le permita la adaptación al medio, de una manera sana. Fuente: http://master.fcm.unc.edu.ar/entrevistaresiliencia.htm

 

 

Claudia Gentile

Psicóloga UdeMM- Grafóloga Emerson-Astróloga

mail: grafosintesis@yahoo.com.ar

tel.: 4672-4423 y cel.: 153-343-3665

Skype: usuario: grafosintesis.

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Grafología: Caso Pablo

02 de Febrero, 2008  ·  Consultas grafológicas - Casos

Consultas grafológicas - Casos

Lo que sigue a continuación es la síntesis de una consulta que recibí hace un tiempo. Los datos están cambiados para resguardar la identidad del consultante, sin alterar la esencia del caso.Este es el segundo de otros que iré publicando. Pero la idea es que se pueda ir apreciando el alcance de la grafología.
Este caso en particular fue con el que terminé de convencerme por seguir mis estudios para licenciarme en Psicología. A pesar de las herramientas que tenemos como grafoterapeutas incluso, me sentí impotente para ayudar a esta persona.
El día de hoy, con más experiencia y a pocas materias de licenciarme, reviso el caso y creo que lo que hice fue lo que mejor pude hacer en ese momento. Y ahora veo que incluso recibida de psicóloga, si el consultante no trae una demanda verdadera de análisis, si sólo viene a demostrarse o a demostrarnos que no podemos con él y no se pone a favor de iniciar un tratamiento con buena predisposición, es muy poco lo que se puede hacer por él, casi nada. O nada directamente.


Presentación

Pablo vino a consulta recomendado por una cliente mía con quien Pablo tomaba clases de baile. Era un hombre de treinta y tantos, soltero, muy locuaz, un profesional joven que se había recibido pero no ejercía, que trabajaba aún en la empresa familiar, bajo la tutela de su padre.Relató tener un entorno familiar muy estricto, pero muy contenedor, con el que se mostraba satisfecho. El vínculo con su madre era muy estrecho: con ella hablaba y compartía sus problemas. No tenía muchos amigos, no salía demasiado, tenía una novia reciente que complacía las expectativas de sus padres pero de quien no estaba muy enamorado, sólo se sentía bien en su compañía. Era una muchacha poco demandante y de carácter dócil, también proveniente de un entorno familiar muy conservador.Pablo sólo demostraba sentir verdadero placer cuando hablaba de su hobby: practicaba un deporte acuático de avistaje que lo había llevado a viajar en varias oportunidades al Caribe. De eso habló desde que se presentó, con verdadero interés, restándole importancia a todo lo demás, que fue apareciendo incluso en la segunda entrevista.

El caso
 
Pablo había venido recomendado por una persona de mi conocimiento que me refirió que sabía por él que estaba tratándose una fobia con una terapia alternativa. No supo decirme a qué. Sólo me dijo que al bailar era muy renuente al contacto corporal, que en dichas situaciones se ponía rígido, y que en más de una oportunidad lo invitó a que se uniera a un grupo de baile que ella misma frecuentaba, para que pudiera practicar con otras parejas, no sólo en forma individual y exclusiva con ella. Pablo accedió a ir pero no bailó en toda la noche y no quiso repetir la experiencia.De todo esto en la entrevista no se habló. No le comenté estar en conocimiento de esto tampoco. Sólo le pregunté si había algo en particular que le resultara problemático y que le gustaría explorar a través del análisis. Su respuesta fue negativa. Su actitud seguía siendo despreocupada, jovial, abierta y locuaz.
 
El motivo de consulta
 
No expuso claramente lo que esperaba encontrar en su análisis, ni ningún tema en particular que pudiera entenderse como conflictivo. Sólo quería probar si en realidad un estudio grafológico era tan veraz como su profesora le había dicho. Una actitud desafiante y cerrada encubierta por una fachada locuaz y aparentemente abierta al diálogo.
 
Su letra
 
Durante la entrevista telefónica le había pedido que me trajera escritos anteriores. Me preguntó si apuntes de la facultad serviría, y por supuesto le pedí que me los trajera. Para mi sorpresa, Pablo vino con la mayor cantidad de material que alguien alguna vez me trajera. Había fácilmente más de un bibliorato de hojas sueltas.Le hice las tomas. Mientras escribía seguía mostrándose despreocupado y de buen humor. Algo me llamó la atención. Su escritura habitual era en imprenta pero me dijo que no hacía mucho que la había adoptado. Le pregunté si la usaba para los exámenes, y su respuesta fue negativa. No hubo nada en especial que le demandara el cambio.En los escritos anteriores se alternaba la escritura cursiva en unos y la imprenta en otros. No veía un patrón que marcara la diferencia. Confundida con tantos papeles frente a mí, decidí agruparlos por año. Afortunadamente los apuntes tenían fecha. Como eran tantos, opté por pegarlos en la pared agrupados por año, desplegados ante mí como una pizarra. Cada año con su correspondiente serie de escritos debajo, a la vista. Ahí pude encontrar el patrón: un año separaba las aguas. Antes de ese año, cursiva. Luego vino el cambio. Que no fue paulatino, que no fue en una materia en particular ni solo en los apuntes. En escritos personales se repetía lo mismo. A partir de cierta fecha, un abrupto cambio en la escritura habitual de cursiva a imprenta. La cursiva era de agrupada a ligada y más pequeña. La imprenta era mayúscula, desligada y de tamaño mayor. El margen derecho en la cursiva era irregular pero normal. En los escritos en imprenta, el margen derecho creció notoriamente, siempre fluctuante, en un visible movimiento de repliegue hacia la izquierda de todos los movimientos gráficos. Había mayor distancia no solo entre letras, sino entre palabras y aún entre renglones. Aparecieron gestos regresivos en arco, como muestra de un mecanismo defensivo de protección. Letras inacabadas, gestos de inhibición que marcaban una clara gestalt de un cuadro que denunciaba evidentes señales de angustia. Esta angustia lo replegaba, le hacía escapar de los contactos sociales nuevos, en huída hacia los ya establecidos. Su mejor defensa lejos de ser el ataque, era la huída, la evitación y el repliegue introversivo. Una manifiesta y rotunda actitud de negación de los problemas que no podía confrontar. Pero por qué a partir de esa fecha? Qué habría pasado entonces?
 
La devolución del escrito
 
Cuando comencé a leerle su informe y a comentarle ampliando lo que iba leyendo, la actitud tan despreocupada, negadora y en el fondo, desafiante de él se desvaneció. Supe entonces que me estaba enfrentando a sus defensas, que le provocaba angustia hablar del tema. Entonces lo llevé hasta la pared tapizada aún con sus escritos. Le mostré los escritos en cursiva, y los escritos en mayúscula. Sin explicarle nada, le dije que ese cambio me había llamado la atención. Cambio ligado a esa fecha. Le pregunté por qué había cambiado la letra. No me contestó nada concreto. Entonces le pregunté si en ese entonces había pasado algo significativo en su vida. Después de dar vueltas, de minimizar el asunto, de negarle o restarle importancia, me dijo que nada había pasado, solamente que su novia de tantos años lo había dejado, nada más que eso.Desprendí entonces los papeles de la pared y le dije, restándole yo ahora importancia al tema, para no angustiarlo más, que creía que esa ruptura había sido más importante y decisiva de lo que él creía. Le pregunté si quería hablar al respecto, pero se negó, así que me remití a señalarle características de su personalidad que reforzaran su autoestima y concluí la devolución.Yo ya le había soslayado el origen del conflicto, abrí incluso la puerta para que comentara sobre el tema. Pero no era su momento, quizá yo no fuera la persona. Así que ahí concluí. Nada hubiera ganado en demostrarle todo el resto de información que surgía del estudio.

Este no fue un caso que me haya generado satisfacción. Quizás mi misma omnipotencia espere siempre un resultado favorable en aquel que recibe mi devolución. Pero estas experiencias sirven para aceptarnos como un otro barrado.
Cuando el mecanismo de defensa que prevalece en el consultante es el de negación, es, al menos para mí, muy difícil manejar las devoluciones. He de centrarme mucho en reforzar los valores positivos que encuentro en el escrito para no despertar más angustia de la ya vivenciada por el sujeto.
Pero debo reconocer que como caso en sí, desde una perspectiva grafológica, fue muy interesante porque pude ir siguiendo en los escritos anteriores, cómo se desató la neurosis de angustia a partir de un desencadenante traumático, y cómo surgió consecuentemente como recurso posible de su psiquismo, la fobia social, como mecanismo protector.

Claudia Gentile
Grafóloga Pública
tel.: 4672-4423 y cel.: 153-343-3665
 
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